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Conflictos sin sangre

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Por Francisco de Roux, S.J.
Artículo publicado en El Tiempo el 21 de abril de 2016.

El proceso de paz colombiano nos obliga a preguntarnos sobre la dignidad nuestra, de personas y de pueblo, que no debemos a nadie, ni a los presidentes, ni al Ejército, ni a la guerrilla, ni a los paramilitares; la dignidad que tenemos simplemente como seres humanos. ¿Cuál es el ser humano que hemos hecho de nosotros? ¿Cuál es el Dios que hemos proclamado los cristianos en Colombia?

Las declaraciones del general Salgado publicadas en El Espectador sobre ‘falsos positivos’ de la Brigada XI muestran este infierno, cuando, en el 2007, el general Montoya Uribe pedía “litros de sangre” de guerrilleros; y más jóvenes inocentes fueron “abatidos”, en combates ficticios. Javier Giraldo, S. J., y el equipo de la revista Noche y Niebla, del Cinep, publicaron en ese momento los nombres con los datos que les fue posible allegar. Lo han vuelto a hacer la semana pasada, mostrando el dolor y la sangre causados desde todos los lados. Es solo una parte de la verdad. Pero es. Simple, como la copla de Machado: “La verdad es lo que es / y sigue siendo verdad / aunque se piense al revés”. La verdad incómoda de las maneras como acabamos los conflictos, ahogándolos en sangre.

Lo que está patente es que hemos manejado los conflictos inevitables en la construcción de sociedad y Estado para destruirnos a nosotros mismos y al Estado. En vez de haber hecho de los conflictos el campo de la responsabilidad y el respeto para resolver las discrepancias y construir juntos una sociedad justa e incluyente.

La conferencia sobre ‘No violencia y paz justa’, de la semana pasada en Roma, estimulada por el papa Francisco, tiene un mensaje para nosotros y nuestra forma de enfrentar los conflictos. La declaración final opta por la no violencia, entendiendo así los métodos proactivos para transformar los conflictos en construcción social, como lo son la búsqueda de la verdad, las marchas, las mesas de concertación, la justicia restaurativa, la desobediencia civil, la no colaboración, el debate político y social, etc. Colombia tiene muchos ejemplos de no violencia: la guardia indígena, las movilizaciones sociales, los trabajadores de derechos humanos y defensa del territorio, las comunidades de paz, los programas de Desarrollo y Paz, la Ruta de Mujeres por la Paz, ‘Educación para la reconciliación’, etc.

Los participantes en la conferencia de Roma, laicos, teólogos, activistas, religiosos, sacerdotes y obispos de todos los continentes, resaltan la no violencia como centro del mensaje de Jesús que encarna un amor eficaz, que no es ni pasivo ni débil en la construcción de la paz y la justicia. Declaran que el Evangelio nunca puede ser utilizado para justificar la violencia, la injusticia o la guerra, y reconocen que el pueblo cristiano ha traicionado muchas veces el mensaje central de Jesús al participar en guerras, explotaciones y discriminaciones. Dejan claro que “no hay guerra justa”. Que “demasiadas veces la teoría de la ‘guerra justa’ ha sido utilizada para promover la guerra y no para limitarla”. Y que “insistir en que puede haber ‘guerra justa’ es contribuir a debilitar el imperativo moral de desarrollar capacidades y métodos para la transformación no violenta de los conflictos”. Por eso piden a la Iglesia “nunca más usar ni enseñar la ‘guerra justa’ ”; y la llaman a “insistir públicamente en la abolición de las armas nucleares”, y a establecer “un nuevo marco de referencia” consistente con los pronunciamientos de los últimos papas que han pedido “no más guerra” y han puesto “en el amor al enemigo el núcleo de la revolución cristiana”.

La conferencia de Roma concluyó invitando a la Iglesia a “levantar la voz profética para confrontar los poderes injustos a nivel mundial y apoyar y defender a los activistas no violentos que arriesgan su vida en el trabajo por la paz y la justicia”.