El Centro opina

Acción educativa y ética pública y ciudadana

Junio 26

Por Alberto Parra, S.J.

*Conferencia magistral del Padre Parra en el Centro de Fe y Culturas el 11 de junio de 2019.

 

Saludo con mucho respeto a los organizadores y participantes de este encuentro en el Centro Fe y Culturas en esta entrañable ciudad de Medellín. Todos somos conscientes de la admiración a que se ha hecho acreedora Antioquia, y particularmente Medellín, por el empeño de buscar y encontrar siempre nuevos caminos, nuevas metas y nuevas estrategias, como corresponde a su tradición paisa y como lo requiere el camino hacia el desarrollo cierto que exige, a su vez, nuevas responsabilidades históricas. Hoy nos fijamos en el reto por la ética, por la ética ciudadana, por la ética pública.

Ética pública no del sistema financiero o del sistema empresarial o gremial, ni siquiera la ética pública del gremio de los educadores; sino la ética pública como construcción interna y propia del acto de educar; vale decir, como responsabilidad social de la praxis educativa y de la actividad personal y conjunta que ejercen los educadores en sus tareas propias en los planteles educativos. Ello exige que digamos y que nos digamos esta tarde dónde y en qué reside la ética pública y ciudadana que sea responsabilidad inherente del acto de educar en el plantel educativo.

Por eso, sea lo primero declarar de entrada los términos fundamentales del objeto que ahora nos ocupa: la ética pública. Y entonces digamos que por ethos como cualidad profunda de la condición humana entendieron los griegos la luz de la razón que percibe y que juzga en el interior de las conciencias la rectitud y licitud, la bondad o maldad de los propios actos, actividades y costumbres. Ese ethos, percibido en términos de haz el bien y evita el mal constituye, según Kant, un imperativo categórico apriorístico, innato, propio de todo aquel y aquella que despiertan al uso de su propia razón; y por tal motivo, Aristóteles no sitúa el ethos en los terrenos de la metafísica, sino de la lógica que es la casa donde habita el pensar. La ethica, en cambio y en el mismo corazón de Grecia antigua, fue el conjunto de normas racionales para regular discursivamente las costumbres, siendo insigne modelo para todos los tiempos la Ética a Nicómaco del inmortal Aristóteles. Y en tanto que por  ética religiosa o por moral se entendieron los principios religiosos que norman las acciones y las costumbres por referencia al ser trascendente, la era reciente de la secularización generalizada y del secularismo contemporáneo empuja con ímpetu a la vuelta hacia la ética laica y discursiva, ya sea que se trate de la esfera privada de las personas, como de la esfera de la cosa pública, vale decir de las costumbres y de las normas de la polis, de la res-pública, del estado de derecho, de la cultura y de las culturas de los ciudadanos. Nadie dejará de ver la interrelación profunda que va del ethos personal a la ethica pública y ciudadana.

Entonces ¿cómo y en qué el acto de educar conecta y debe conectar con un dinamismo ético, laico y discursivo capaz de guiar las costumbres individuales y personales, no menos que las públicas, sociales y culturares? Esta es, quizás, la pregunta que orienta mi exposición, tanto como el debate libre e inteligente de los participantes en este encuentro de educadores.

Permítanme, entonces, responder la pregunta refiriéndome de modo sucesivo a seis núcleos basilares del acto de educar: el plantel educativo, las ciencias, el saber, el uso de la razón, la sociología del conocimiento y, finalmente, la cultura.  Lo haré mediante tesis o enunciados sintéticos, que luego explicitaré con la brevedad posible en cada caso. Haz clic aquí para continuar leyendo en la página 2. 

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