El Centro opina

Si no soy yo ¿quién? Si no es ahora ¿cuándo?

Mayo 10

Por Hernán Restrepo Mesa*

Artículo tomado de Abriendo Horizontes 8

La noche entre el 14 y el 15 de abril de 1912 ocurrió aquello que ni los más escépticos imaginaban.  ‘Ni Dios mismo’ ­– se decía – podría provocarlo; todo parecía tan calculado, tan previsto, tan avanzado, que había razones hasta para la soberbia, sin embargo, sucedió: un desastre que conmocionó al mundo entero y que dejó una marca para la historia.

Aunque se pudo evitar, el exceso de confianza hizo que no fueran atendidos los avisos de peligro enviados por otros barcos que navegaban las mismas rutas y la tripulación, por el contrario, mantuvo su rumbo y su velocidad. Cuando se decidió virar y detener los motores, no se pudo evitar la colisión y aquel trasatlántico considerado insumergible, emblema del poder tecnológico y económico, naufragó.

Un aviso de peligro inminente, un llamado urgente al cambio, ésta podría ser la síntesis de la Encíclica Laudato Si’, del Papa Francisco. Avanzamos a toda velocidad hacia el deterioro de la vida en todas sus expresiones, incluida la humana, hacia la destrucción de nuestra casa común. Como ocurrió en aquella noche de 1912, también hoy puede subestimarse este anuncio, en algunos por la confianza ciega en el progreso, en otros por el letargo que pueden producir las comodidades del mundo tecnológico.

Ya la ciencia nos ha demostrado su poder y sus beneficios: desde la nanotecnología, hasta la tecnología espacial; con el basto abanico de usos prácticos en la salud, las comunicaciones, el entretenimiento, la producción, la belleza, el bienestar. ¿Qué razones habría para dudar? O mejor, en lugar de pensar en cambiar, ¿no habría que acelerar el desarrollo de la técnica para encontrar allí las respuestas y la protección que necesitamos?
Lo que hace unos años era ciencia ficción, hoy es realidad. Modificaciones en el ADN, vehículos autodirigidos, cápsulas que pueden viajar por nuestro torrente sanguíneo detectando enfermedades de manera temprana, o experimentos para cambiar la órbita de un asteroide, parecieran anticipar cualquier amenaza y la única pregunta que resulta entonces sensata es ¿Cuál es y cómo acceder a la última tecnología?

Aunque es claro que el llamado no es a volver a la caverna, el sólo cuestionamiento o invitación al cambio, ya pareciera para muchos ingenuo o innecesario. ¿Por qué cambiar? Y de ser conveniente, ¿Qué cambiar? Sigue leyendo en página 54

Sobre el autor: Licenciado en Etnoeducación de la Universidad Pontificia Bolivariana y en Antropología Aplicada del Instituto Misionero de Antropología. Magíster en Educación y Desarrollo Humano del Centro Internacional de Desarrollo Humano (CINDE). Actualmente es consultor de la firma consultora ConlaGente.

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